Palmas amazónicas, fuente de vida y equilibrio para el bosque

Las palmas amazónicas son plantas tropicales pertenecientes a la familia Arecaceae, que crecen principalmente en los bosques húmedos y en zonas inundables, humedales y riberas de la Amazonía. Se caracterizan por poseer tallos largos y cilíndricos, hojas grandes en forma de abanico o pluma.
Estas especies presentan una gran diversidad de tamaños, formas y estructuras, desde palmas solitarias de gran altura hasta variedades con multitallos que crecen en grupos. Sus frutos, flores y hojas varían según la especie, lo que las convierte en uno de los grupos vegetales más diversos, representativos y dominantes de los ecosistemas amazónicos. Entre las especies más conocidas en el bosque amazónico se destacan el asaí (Euterpe oleracea); el aguaje, morete o canangucha (Mauritia flexuosa); la ungurahua o seje (Oenocarpus bataua); y el chontaduro (Bactris gasipaes).
Según Galo Zapata Ríos, director científico de WCS Ecuador, las palmas son especies clave en los bosques amazónicos porque son fuentes de vida para las personas y la fauna silvestre. “El morete y la ungurahua, por ejemplo, producen frutos ricos en energía y nutrientes que alimentan a una gran diversidad de animales, incluyendo aves, peces, monos, tapires y pecaríes. En muchos lugares de la Amazonía, la presencia de animales silvestres está estrechamente ligada a la disponibilidad de estos frutos”.
Para las comunidades amazónicas, estas palmas también han sido esenciales durante generaciones: sus frutos dan vida a diversos productos. Daniel Umenda, de la comunidad A’i Cofán, cuenta que “las palmas son alimento y medicina para nuestra gente. Del morete hacemos chicha que da energía y también aceites naturales. Son alimentos sanos, sin químicos”.
Como parte de las acciones para promover medios de vida sostenibles y conservar los bosques amazónicos, el Proyecto Manejo Integrado de la Cuenca del río Cuenca Putumayo-Içá ejecuta dos subproyectos, en Colombia y Ecuador —implementados por las organizaciones aliadas COPADE y Conexión— para fortalecer el aprovechamiento sostenible de algunas de estas palmas como el aguaje o morete, la ungurahua y el asaí. Junto con las comunidades, se agrega valor a los frutos de las palmas para convertirlas en aceites, harinas y otros alimentos.
La palma de morete puede alcanzar entre 5 y 18 metros de altura, mientras que la ungurahua mide entre 4 y 15 metros. “Nuestros abuelos tumbaban las palmas para recolectar los frutos, y eso afectó la población de palmas en nuestra comunidad. Sin embargo, desde hace algunos años y ahora con el Proyecto GEF en marcha, estamos aprendiendo técnicas de escalada y cosecha que permiten recolectar sin dañar las palmas ni las plantas de alrededor. Con esta práctica, la cosecha es más fácil para nosotros y no afecta al ecosistema”.
Fernando Ibujés, especialista de cadenas de valor del Proyecto, explica que la cosecha en altura contempla la adopción de arneses y sistemas de escalada segura para extraer los racimos sin dañar la sensible estructura de la planta. Además, el Proyecto contempla el cuidado de la regeneración natural, mediante la zonificación de áreas y la aplicación de vedas comunitarias a través de planes de manejo de las especies, dejando un porcentaje de frutos intactos para garantizar la alimentación de la fauna y el brote de nuevas plántulas. Así, se promueve el manejo y la recolección silvestre que evita el uso de agroquímicos y respeta la dinámica natural del bosque.
Las palmas de aguaje, morete o canangucha tienen, además, otra función extraordinaria y poco visible: ayudan a combatir el cambio climático. Los humedales dominados por morete almacenan grandes cantidades de carbono, acumulado durante cientos o miles de años en sus suelos inundados. Según estudios en la Amazonía, los moretales de la región Pastaza–Marañón, en Ecuador y Perú, almacenan alrededor de 2,3 petagramos (Pg) de carbono, una cantidad enorme para un ecosistema relativamente pequeño. “Cuando estos ecosistemas se degradan o desaparecen, parte de ese carbono puede liberarse a la atmósfera. Conservar los moretales protege alimentos y refugio para la fauna silvestre y las personas, también permite mantener una de las defensas naturales más importantes que tiene la Amazonía frente al cambio climático”, ratifica Galo Zapata Ríos.
Desde el Proyecto Putumayo-Içá volvemos la mirada hacia las palmas amazónicas como fuente de vida y alimento para los ecosistemas y las comunidades. Celebramos su fuerza, su belleza y su invaluable aporte al equilibrio del bosque y al bienestar de quienes habitan la Amazonía. Y renovamos el compromiso de aportar al desafío de conservarlas y asegurar que su riqueza y la de sus ecosistemas perdure.
Esta historia se publicó por el Día de la Biodiversidad en IW:LEARN | Amazonian Palms: A Source of Life and Balance in the Forest



