La nacionalidad Siekopaai (Siekoya) ha habitado el territorio amazónico hace más de mil años, mucho antes de que existan mapas y trazos que imponen banderas y límites. Los hombres y mujeres Siekopaai han logrado vivir y resistir el tiempo, con todo lo que este ha traído, cambios, coexistencias y amenazas también. Algunos de sus miembros están en Ecuador y Perú.
Para llegar allí, desde el puerto Tierras Orientales, en Shushufindi (provincia de Sucumbíos, Ecuador) se toma una canoa para bajar por el río Aguarico durante 30 minutos. Colón Piaguaje es el motorista de la embarcación que nos llevará en una corta y pacífica navegación por el río. En el trayecto se admiran playas que invitan a descansar en las riberas, entre el bosque aparece una que otra casa construida con techo de palma, desde algunas se aprecia una hilera de humo, que al final se disipa entre las nubes.
Al llegar a la comunidad Siekoya Remolino, se encuentra una casa en construcción, una escuela con un mural colorido y otras casitas alrededor del verde, que puede parecer una cancha deportiva. La asociación de mujeres productivas de la comunidad Keñao se ha reunido en su centro de trabajo, una casa techada con un salón, cocina y comedor, que está muy cerca del río. Todas lucen elegantes para recibir las visitas, sus rostros pintados nos dan la bienvenida, algunas sonríen, otras son más tímidas. Nos brindan asiento y una refrescante chucula, que es una bebida hecha de plátano.
Yadira Ocoguaje, lideresa del grupo de mujeres, se presenta, está ataviada con collares de semillas y una corona de hojas de helecho. Toma la palabra para reiterar la bienvenida e invitar a sus compañeras a compartir las experiencias vividas en estos tres años de asociación.
Yadira recorre la chakraMaricela también es líderesaÑumi estudia bilogía, tiene 18 años
Maricela Piaguaje, de 25 años, es quien toma la palabra a continuación, es la lideresa que lleva los temas administrativos de la asociación. Ella decidió quedarse en su territorio para unir caminos. Junto a Yadira y una decena de mujeres, mayores y jóvenes, iniciaron un proceso organizativo sin recursos, sin apoyo político, pero con total convicción. “Empezamos sin nada, a pesar de la oposición de nuestras propias familias, que nos decían que íbamos a perder el tiempo o descuidar a los hijos. A pesar de eso logramos crear este grupo para salvar un arte que se estaba perdiendo. Hemos crecido y no vamos a dejar de soñar”, dice.
Una clase de hormiga —en lengua siekopaai es keñao— que carga el alimento, hojas, pétalos y restos de frutos que superan su propio peso, se convirtió en inspiración y símbolo de su trabajo colectivo. Así como esta hormiga, las mujeres Siekopaai sostienen la cultura, el territorio y la familia en una asociación que lleva ese mismo nombre.
Yadira y Maricela con su cerámicaUna de las ceramistas jóvenesMagnolia en la tienda de artesanías
Ellas lo han podido todo, con convicción, decisión y solidaridad. Juntas, cuidan a sus hijos, cocinan y recogen la arcilla del estero, donde aún el agua está limpia para la vida y la cerámica.
Bety Piaguaje, una de las abuelas de la asociación, dice que “el trabajo ayuda a ser más humano y enseña a compartir. Hacer cerámica une y encamina a las mujeres de la comunidad”.
El líder recién electo de la comunidad Siekopaai , Manolo Payaguaje, destaca que “las mujeres tienen derecho a hacer todo, porque han demostrado que ese saber ancestral, que casi se acaba, está construyendo día a día a la comunidad”.
Cerámica, plantas y educación
La cerámica, que estuvo a punto de desaparecer, ha vuelto a tomar forma con las manos de estas mujeres ceramistas que encuentran felicidad y dignidad en su trabajo. La arcilla se cosecha en el estero de la comunidad Remolino, para luego transformarse en cerámica que tiene forma de vasijas, jarrones, tazas y platos. “Si no sabes hacer cerámica, no eres Siekopaai”, dice una de las mujeres mayores.
Además de la cerámica, las mujeres impulsan la recuperación de plantas ancestrales, la reforestación de especies tradicionales y una tienda comunitaria de artesanías, donde exponen sus trabajos. En ese espacio han adecuado una zona de juego y cuidado para sus hijos, quienes les acompañan en sus labores.
En la comunidad Siekoya Remolino, viven 52 familias, 17 de ellas involucradas en el desarrollo de la asociación Keñao. Yadira en su visión de comunidad ha golpeado puertas para fortalecer a su trabajo. “Todo se ha dado, con mucha paciencia y trabajo, agradecemos el apoyo de varias organizaciones como WCS. Creamos cerámica y hoy ya tenemos la mayoría de los implementos y un horno para lograr que las piezas sean más resistentes”, menciona.
Yadira es inquieta y, reconociendo el camino logrado, ahora espera que esta asociación pueda ampliarse o replicarse en cuatro comunidades del Putumayo, donde ven este proceso como ejemplo a seguir.
La mamá de Maricela recuerda a la abuelita Jacinta, quien decía: “No importa si somos hombres o mujeres. Ella hacía cerámica para cocinar y enseñar. Hoy, ese legado continúa. Está orgullosa y feliz, lo único que pide es que esto no se acabe nunca y que sigamos unidas”.
Colón uno de los dos hombres de la comunidad que acompaña la reunión, reconoce que no fue fácil. “El machismo, la falta de apoyo familiar y los conflictos internos fueron una tempestad que hoy empieza a quedar atrás. La comunidad no es fácil, pero están luchando”, afirma.
“Sí podemos no es solo una consigna, es una forma de vida”
Keñao es unión y solidaridadLas mujeres trabajan con sus hijos.Las abuelas transmiten el saber
Un territorio sostenible y una comunidad fuerte
La Nación Siekopaai es transfronteriza. Habita este territorio, entre Ecuador y Perú, desde hace más de mil años en lugares como Largatococha. Son más de 100 mil hectáreas que sostienen vida, cultura y espiritualidad, hoy amenazadas por empresas palmicultoras que limitan el territorio.
Frente a ello, las mujeres y la comunidad en su conjunto responden con organización, emprendimientos, recuperación cultural y defensa del territorio. “Con plata no se vive, con alimento sí”, recuerdan, reafirmando que la seguridad alimentaria es también soberanía.
Hoy, la cerámica, la lengua Paaikoka, el conocimiento de las plantas, la puesta en valor de frutos amazónicos y la educación comunitaria son parte de un proceso que avanza a paso firme con la asociación Keñao.
Jóvenes como Ñumi Piaguaje, estudiante de biología y arbolista de la comunidad que empezó a los 15 años y hoy tiene 19, es la prueba de que la comunidad Siekopaai está en movimiento florece, con raíces fuertes, da frutos y pone mirada en un futuro sostenible.
Las mujeres Siekopaai construyen día a día. Ahora sueñan con un centro de enseñanza, con más emprendimientos y una comunidad libre que pueda vivir sana en este territorio ancestral. El tiempo ha pasado, tres o cuatro años desde la conformación de Keñao, y los resultados están ahí. Keñao es la evidencia de que no hay límites cuando una nación se reconoce, se organiza y camina unida. Gracias a este esfuerzo la cultura Siekopaai sigue viva y seguirá como guardiana del bosque.
En la escuela de la comunidad se enseña la lengua PaaikokaColón Piguaje es apoyo clave para KeñaoEl río Aguarico, camino hacia la comunidad Remolino
“El trabajo de la asociación Keñao, representa una oportunidad importante para la conservación del conocimiento tradicional y los recursos naturales de la nacionalidad Siekopai. WCS, a través del Proyecto de Manejo Integrado de la cuenca del río Putumayo-Içá, contribuirá al fortalecimiento de estas prácticas en la zona de Siekoya Remolino, así como a replicarlas en otras comunidades Siekopai de la cuenca, con el propósito de expandir el saber tradicional, impulsar el empoderamiento de las mujeres y consolidar un modelo de gobernanza basado en la gestión territorial y el uso sostenible de sus recursos naturales” Sebastián Valdivieso, director de WCS Ecuador.
Otros datos
Desde la asociación Keñao, se ha impulsado el reencuentro de las abuelas ceramistas de Ecuador y Perú para recuperar así sus saberes y transmitirlos a las más jóvenes. Este es un proceso de integración, identidad y unión, que se ha desarrollado año tras año en distintos territorios Siekopaai.
En el territorio Siekopaai, muy cerca de la casa de la asociación Keñao, se han divisado cachorros de jaguar que dan cuenta que la comunidad logra preservar el bosque y sus ecosistemas.
En el marco del Proyecto Manejo Integrado de la Cuenca Río Putumayo-Icá, se espera que la asociación Keñao se fortalezca y replique su práctica en 4 comunidades Siekopaai asentadas en la cuenca del río Putumayo, con población de mujeres.